10 sesgos psicológicos que Charlie Munger quería evitar al invertir
Charlie Munger dedicó buena parte de su vida a estudiar algo que aparentemente tenía poco que ver con la bolsa: por qué las personas toman malas decisiones.
Para Munger, entender balances, valoraciones y modelos de negocio era imprescindible, pero no suficiente. Un inversor podía dominar las finanzas y, aun así, cometer errores si no entendía las fuerzas psicológicas que condicionan su pensamiento.
Munger no elaboró una lista cerrada de “10 sesgos para invertir”. Pero muchas de las tendencias psicológicas que estudió y comentó tienen una aplicación directa en los mercados.
1. Sesgo de confirmación: buscar aquello que nos da la razón
Cuando compramos una acción, tendemos a prestar más atención a la información que confirma nuestra tesis y a restar importancia a aquello que la contradice.
El peligro está en enamorarse de una idea.
Una buena disciplina consiste en buscar activamente argumentos que puedan demostrar que estamos equivocados.
2. Prueba social: comprar porque todo el mundo compra
Las personas tendemos a imitar el comportamiento del grupo.
En bolsa, eso puede llevarnos a comprar simplemente porque una acción sube, aparece constantemente en los medios o todo el mundo habla de ella.
Las burbujas son uno de los ejemplos más claros de esta tendencia.
3. Autoridad: confiar demasiado en quien tiene prestigio
Un gestor famoso, un analista reconocido o un empresario admirado pueden influir enormemente en nuestras decisiones.
Pero la reputación de quien defiende una idea no garantiza que esa idea sea correcta.
En inversión, los argumentos deberían pesar más que los nombres.
4. Compromiso y coherencia: negarnos a cambiar de opinión
Cuanto más tiempo defendemos una inversión, más difícil puede resultar admitir que estábamos equivocados.
Eso puede llevarnos a mantener una empresa incluso cuando sus fundamentales han empeorado.
Cambiar de opinión cuando cambian los hechos no es incoherencia. Es racionalidad.
5. Aversión a la pérdida: aferrarnos a una inversión perdedora
Las pérdidas suelen generarnos un impacto emocional mayor que las ganancias equivalentes.
Eso puede hacer que mantengamos una mala inversión únicamente para evitar reconocer definitivamente el error.
La pregunta útil no es cuánto pagamos por una acción, sino si la compraríamos hoy al precio actual.
6. Incentivos: entender qué mueve a las personas
Munger concedía una enorme importancia a los incentivos.
Al analizar una empresa conviene preguntarse cómo se remunera a sus directivos, qué comportamientos se premian y si sus intereses están alineados con los accionistas.
Un mal sistema de incentivos puede provocar malas decisiones incluso dentro de un buen negocio.
7. Disponibilidad: dar demasiado peso a lo reciente
Nuestro cerebro tiende a considerar más importante o probable aquello que recuerda con facilidad.
Por eso una subida reciente, una crisis o una historia de éxito muy visible pueden distorsionar nuestras expectativas sobre el futuro.
Lo reciente no siempre es lo más representativo.
8. Envidia: comparar nuestra rentabilidad con la de los demás
Munger habló con frecuencia de la envidia como una poderosa fuerza del comportamiento humano.
En bolsa aparece cuando abandonamos una estrategia razonable porque otros están ganando más dinero y más rápido.
Compararse constantemente puede empujarnos a asumir riesgos que antes no habríamos aceptado.
9. Exceso de confianza: creer que sabemos más de lo que sabemos
Después de varios aciertos es fácil atribuir los buenos resultados exclusivamente a nuestra habilidad.
Eso puede llevarnos a asumir más riesgo, analizar menos o invertir fuera de nuestro círculo de competencia.
Reconocer los límites de nuestro conocimiento es una parte esencial de la filosofía de Munger.
10. El efecto combinado: cuando varios sesgos actúan a la vez
Munger también destacó que estas tendencias pueden reforzarse unas a otras.
Una acción que sube, recibe atención mediática, cuenta con el respaldo de inversores conocidos y está haciendo ganar dinero a nuestros conocidos puede activar varias fuerzas psicológicas al mismo tiempo.
Y cuanto más se combinan, más difícil resulta mantener la racionalidad.
Conclusión
Charlie Munger entendió que muchos de los mayores errores del inversor no están en los números, sino en su propia forma de pensar.
Reconocer nuestros sesgos, cuestionar nuestras ideas y evitar decisiones impulsivas puede ser tan importante como analizar bien una empresa.
Porque, en inversión, pensar mejor también es una ventaja competitiva.