Warren Buffett: 96 años perfeccionando una forma de invertir

El pasado 30 de agosto Warren Buffett cumplió 96 años.

Hablar de Buffett a estas alturas no es sencillo. Se han escrito miles de páginas sobre sus inversiones, sus errores, sus cartas a los accionistas y su particular manera de entender los negocios.

Nosotros mismos repasábamos hace poco algunas de las decisiones más importantes que ha tomado fuera de la bolsa.

Por eso, esta vez queremos fijarnos en algo diferente: cómo ha evolucionado su forma de invertir a lo largo de más de siete décadas sin abandonar los principios que han guiado prácticamente toda su carrera.

De Benjamin Graham a las “colillas”

Buffett comenzó profundamente influido por Benjamin Graham, su profesor en Columbia y uno de los padres del value investing.

Durante sus primeros años buscaba compañías extremadamente baratas, incluso cuando el negocio no era especialmente bueno. Años después describiría este tipo de inversiones como “colillas de puro”: negocios poco atractivos, pero tan baratos que todavía podían ofrecer una última oportunidad.

La propia Berkshire Hathaway nació, en buena medida, de una inversión de este tipo.

Cuando Buffett empezó a comprar acciones de Berkshire, la compañía era un negocio textil en decadencia. Las perspectivas eran malas, pero el precio parecía suficientemente bajo.

Con el tiempo reconocería que aquella compra había sido un error.

El negocio textil siguió necesitando capital y terminó cerrando definitivamente en 1985. Buffett comprendió que comprar barato no convierte automáticamente un mal negocio en una buena inversión.

Charlie Munger y el valor de un gran negocio

Charlie Munger tuvo una enorme influencia en esa evolución.

Munger ayudó a Buffett a prestar cada vez más atención a la calidad del negocio y no únicamente al precio.

See's Candies fue uno de los mejores ejemplos.

La compañía fue adquirida en 1972 por unos 25 millones de dólares, una cifra elevada respecto a sus activos tangibles. Pero See's tenía algo mucho más importante: una marca fuerte, clientes fieles y capacidad para aumentar precios sin necesitar grandes inversiones adicionales.

Aquella experiencia ayudó a Buffett a entender que un negocio extraordinario podía valer mucho más que una compañía mediocre comprada simplemente a un precio muy bajo.

Ya no se trataba únicamente de encontrar algo barato.

Se trataba de entender qué podía hacer que una empresa siguiera siendo extraordinaria durante muchos años.

Una misma filosofía, aplicada de otra manera

Esta evolución abrió la puerta a inversiones muy diferentes de las que Buffett había realizado al principio de su carrera.

Empresas como Coca-Cola, American Express o, décadas después, Apple no pueden entenderse únicamente mirando sus activos o su valor contable.

Una parte importante de su fortaleza reside en elementos menos visibles: la confianza del cliente, la marca, la capacidad de fijar precios o la dificultad que tiene un competidor para replicar determinadas ventajas.

Buffett fue aprendiendo a reconocer ese tipo de cualidades sin abandonar los fundamentos que había aprendido de Graham.

El precio seguía importando.

También lo hacía el margen de seguridad.

Pero cada vez resultaba más importante comprender qué tipo de negocio había detrás de ese precio.

A 30 de junio de 2026, Berkshire mantenía importantes posiciones en compañías como American Express, Apple, Coca-Cola, Chevron, Moody's y Alphabet, según la documentación presentada ante la SEC.

La cartera actual poco tiene que ver con aquella búsqueda inicial de compañías cuyo principal atractivo era cotizar muy por debajo del valor de sus activos.

Y ahí encontramos una de las características más interesantes de su trayectoria.

Los principios han permanecido.

La manera de aplicarlos ha evolucionado.

Aprender también significa reconocer errores

Buffett nunca ha presentado la inversión como un ejercicio de acertar siempre.

En sus cartas ha hablado abiertamente de decisiones equivocadas, oportunidades que dejó pasar y negocios que no evolucionaron como esperaba.

La propia Berkshire Textile es uno de los ejemplos más claros.

Lo importante no fue únicamente reconocer el error, sino entender por qué se había producido y modificar después su forma de asignar capital.

Invertir durante más de siete décadas implica equivocarse muchas veces.

La diferencia está en qué hacemos después de equivocarnos.

Una nueva etapa

Su 96 cumpleaños llega además en un momento especialmente simbólico.

Desde el 1 de enero de 2026, Greg Abel ocupa oficialmente el puesto de consejero delegado de Berkshire Hathaway, mientras Buffett continúa como presidente del Consejo de Administración.

Después de aproximadamente seis décadas al frente de Berkshire, comienza una nueva etapa para la compañía.

Y también una de las pruebas más importantes para todo lo que Buffett y Munger construyeron: demostrar que su cultura y su forma de asignar capital pueden mantenerse más allá de las personas que las crearon.

96 años aprendiendo

Cuando repasamos la trayectoria de Warren Buffett resulta fácil quedarse con Berkshire, Coca-Cola, American Express o Apple.

Pero detrás de esas inversiones encontramos algo menos visible y quizá igual de importante.

Una forma de pensar que nunca dejó de evolucionar.

Buffett comenzó buscando compañías extremadamente baratas.

Munger le ayudó a comprender mejor el valor de los grandes negocios.

See's Candies le mostró la importancia de una marca extraordinaria.

Y Berkshire Textile le enseñó que un negocio mediocre puede seguir siendo mediocre aunque lo compremos barato.

No necesitó abandonar sus principios.

Necesitó aprender a aplicarlos mejor.

Quizá esa sea una de las grandes lecciones que podemos extraer de Warren Buffett en su 96 cumpleaños.

En inversión, tener una filosofía es importante.

Pero una buena filosofía debería ayudarnos a interpretar mejor la realidad, no impedirnos seguir aprendiendo.

Después de más de siete décadas invirtiendo, Buffett sigue dejando muchas lecciones.

Y una de las más valiosas puede ser también una de las más sencillas:

seguir aprendiendo, incluso cuando llevamos toda una vida haciéndolo.

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