Jim Simons: el matemático que revolucionó Wall Street con Renaissance Technologies
Hay personas que dedican toda una vida a dominar una disciplina.
Jim Simons dominó varias.
Fue matemático, criptógrafo, profesor universitario, fundador de una de las firmas de inversión más extraordinarias de la historia y, finalmente, filántropo.
Lo curioso es que durante buena parte de su vida ni siquiera trabajó en Wall Street.
Y quizá precisamente por eso terminó cambiándolo.
Antes de invertir, descifraba códigos
James Harris Simons estudió matemáticas en el MIT y obtuvo su doctorado en la Universidad de California, Berkeley, en 1961.
Pocos años después, en 1964, entró en el Institute for Defense Analyses (IDA), una organización que trabajaba en criptografía. Allí se dedicó a buscar patrones y desarrollar algoritmos capaces de resolver determinados problemas relacionados con códigos.
Aquella experiencia resultaría decisiva muchos años después.
El propio Simons reconoció que en IDA aprendió a utilizar modelos matemáticos para interpretar grandes cantidades de datos y que, probablemente, sin aquel trabajo, Renaissance Technologies nunca habría existido.
Pero su carrera allí terminó abruptamente.
Simons se posicionó públicamente contra la guerra de Vietnam y en 1968 dejó el instituto tras enfrentarse con la dirección. Tenía solo 30 años. Poco después fue contratado para dirigir el departamento de Matemáticas de Stony Brook University.
Durante la década siguiente ayudó a convertir aquel departamento en uno de los más prestigiosos del país.
Y, paralelamente, siguió investigando.
Su trabajo en geometría y topología fue tan importante que en 1976 recibió el Oswald Veblen Prize in Geometry. Sus investigaciones junto al matemático Shiing-Shen Chern acabarían dando lugar a conceptos conocidos hoy como los invariantes de Chern-Simons, utilizados posteriormente en áreas de las matemáticas y la física teórica.
Aparentemente, Simons ya tenía una carrera brillante.
Pero decidió cambiarla.
A los 40 años empezó de nuevo
En 1978, Simons abandonó la vida académica para fundar una empresa que terminaría convirtiéndose en Renaissance Technologies.
Su planteamiento era muy diferente al habitual en Wall Street.
No quería llenar las oficinas de analistas financieros intentando determinar si una acción estaba barata o cara.
Quería científicos.
Matemáticos.
Físicos.
Estadísticos.
Informáticos.
Su hipótesis era que detrás de los movimientos aparentemente caóticos de los mercados podían existir pequeños patrones estadísticos.
Si conseguían encontrarlos mediante enormes cantidades de datos y modelos matemáticos, quizá podrían obtener una ventaja.
La idea parece evidente hoy, cuando hablamos constantemente de algoritmos, inteligencia artificial y big data.
A finales de los años setenta, no lo era.
Renaissance terminó convirtiéndose en una de las compañías pioneras de lo que actualmente conocemos como inversión cuantitativa.
Medallion: el fondo que convirtió a Simons en leyenda
En 1988, Renaissance lanzó su fondo más famoso:
Medallion Fund.
Y los resultados históricos que consiguió después son difíciles de comparar con prácticamente cualquier otro vehículo de inversión conocido.
Entre 1988 y 2018, Medallion obtuvo aproximadamente un 66 % de rentabilidad media anual antes de comisiones y alrededor de un 39 % anual después de ellas, según los datos recopilados por Gregory Zuckerman para su investigación sobre Simons y Renaissance.
Las cifras resultan todavía más llamativas porque las comisiones del fondo eran extraordinariamente elevadas.
Y Renaissance terminó llegando a una conclusión poco habitual en la industria financiera:
no necesitaba más dinero.
Medallion dejó de aceptar nuevos inversores externos y, con el tiempo, quedó reservado fundamentalmente a empleados y personas vinculadas a Renaissance. La firma terminó comprando en 2005 la participación del último inversor externo.
Habían construido algo tan rentable y con una capacidad limitada que aumentar indefinidamente el patrimonio podía convertirse en un problema en lugar de una ventaja.
No existía una fórmula mágica
Quizá ésta sea la parte más interesante de la historia.
Durante décadas muchos intentaron descubrir el algoritmo secreto de Renaissance.
Pero la realidad parecía ser bastante menos espectacular.
No había una única ecuación capaz de predecir el mercado.
Había miles de datos, modelos, anomalías y pequeñas ventajas estadísticas trabajando conjuntamente.
Simons explicó que el éxito procedía de acumular muchos pequeños descubrimientos, lo que él llamaba sus “little secrets”.
Ninguno tenía que ser extraordinario por separado.
Lo importante era que, juntos y repetidos una enorme cantidad de veces, podían producir resultados extraordinarios.
Además, Renaissance tenía otra característica poco habitual: Simons siempre puso muchísimo énfasis en contratar personas excepcionalmente inteligentes y permitirles trabajar juntas.
Algo parecido a lo que ya había hecho décadas antes cuando llegó a Stony Brook.
Allí construyó un departamento de matemáticas.
En Renaissance construyó un equipo de científicos dedicado a resolver otro problema:
los mercados financieros.
De las matemáticas a los mercados… y de vuelta a la ciencia
Simons dejó la dirección ejecutiva de Renaissance a finales de 2009, aunque continuó vinculado a la compañía posteriormente.
Para entonces había comenzado ya la tercera gran etapa de su vida.
La filantropía.
Junto a su mujer, Marilyn, creó en 1994 la Simons Foundation, destinada fundamentalmente a financiar investigación en matemáticas y ciencias básicas.
A lo largo de los años destinaron miles de millones de dólares a investigación científica, educación y diferentes proyectos académicos.
Jim Simons murió el 10 de mayo de 2024, a los 86 años.
Él mismo solía dividir su trayectoria profesional en tres etapas:
matemático, inversor y filántropo.
Conclusión
La historia de Jim Simons no trata únicamente de una rentabilidad extraordinaria.
Trata de mirar un problema desde un lugar desde el que prácticamente nadie lo estaba mirando.
Cuando Wall Street contrataba economistas y analistas, él contrataba matemáticos y físicos.
Cuando otros buscaban grandes predicciones, Renaissance buscaba pequeñas ventajas repetibles.
Y cuando parecía haber llegado a lo más alto de su carrera académica, Simons decidió abandonarla para empezar prácticamente desde cero.
Décadas después, la inversión cuantitativa forma parte habitual de los mercados financieros.
Pero en 1978 era una apuesta mucho menos evidente.
Como ocurre tantas veces, cuando conocemos el final de una gran historia todo parece lógico.
Lo difícil era verlo cuando todavía estaba empezando.